Nuevo número de OLAC

Con el cambio de siglo, en América Latina se abrió un ciclo caracterizado por la emergencia de gobiernos que confrontaron, con mayor o menor profundidad, al neoliberalismo hegemónico en los 90 y que cambiaron la tónica general de la región. Desde la elección de Hugo Chávez en 1998, la revolución bolivariana se convirtió en un actor central del rumbo de un proceso latinoamericano en el cual, al compás de la bonanza económica producida por el alza de los precios de los productos exportables, diversos gobiernos del Cono Sur (Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Uruguay) impulsaron la integración regional, una mayor independencia con relación a Washington y a los organismos financieros internacionales, la ampliación de los derechos sociales, la redistribución del ingreso y la activación del rol arbitral del Estado. Cuando aún se estaba debatiendo en torno a la caracterización de la etapa –progresista, pos-neoliberal, de izquierda, de “consenso nacional popular”, neodesarrollista, neo-extractivista, de “impugnación al neoliberalismo”-, con la muerte de Chávez y el agudizamiento de la crisis económica mundial, en 2013 empezaron a aparecer nítidos signos de fatiga y de recomposición de las derechas sociales y políticas de la región, que ya en 2016 recuperan el mando político (Argentina), jaquean (Venezuela, Brasil) o confrontan (Ecuador, Uruguay, El Salvador) a gobiernos incluidos en dicho ciclo. El panorama se completa con el dificultoso proceso de paz en Colombia, la exacerbación de la violencia en México, las tensiones políticas en Perú, Chile, Paraguay, Guatemala y Honduras y los intentos de legitimar un nuevo ciclo de liberalización comercial por las potencias occidentales. Estas y otras dinámicas expresan la creciente presión a favor de un alineamiento aun más comprometido con la estrategia geopolítica estadounidense.

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