DECLARACION DEL IEALC CONTRA RECORTES EN CONICET

DECLARACION DEL IEALC CONTRA RECORTES EN CONICET

En marzo de 2013 se lanzó el “Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación. Argentina Innovadora 2020”, elaborado con la participación de científicos, tecnólogos, actores del sector productivo y ONG, junto a miembros del MINCyT conducido por el Dr. Lino Barañao. La ratificación de este funcionario por el gobierno de Cambiemos en 2015 hizo suponer que el Plan continuaría como política de Estado, en torno a un consenso amplio y extendido sobre la necesidad de desarrollar bases científicas sólidas, con políticas y financiamiento sostenidos en el mediano y largo plazo. Sin embargo, el recorte presupuestario en el sector de ciencia y técnica y el fuerte achicamiento del ritmo de incorporación de investigadores al CONICET muestra un cambio drástico en la política científica nacional, de consecuencias negativas graves y duraderas si no se las revierte a tiempo.

Lejos de haberse solucionado el conflicto con los ingresos a carrera y becas de 2017 por la reducción de vacantes, la nueva poda para 2018 profundiza la tendencia regresiva. Este año postularon para ingresar 2.200 doctores/as y acaban de ser aceptados/as solo 600 (la mitad en temas libres), mientras que de haberse aplicado el Plan 2020 deberían haberlo hecho más de 1.100. Se dio este año un viraje drástico hacia la promoción de Temas Estratégicos (la mitad de los ingresos), cuando los temas libres recibieron el doble de las postulaciones. Simultáneamente, se bajó la oferta de becas de doctorado en un 30%, lo que implica reducir el semillero de científicos/as a futuro y se afectó el cupo para áreas de vacancia geográfica en regiones donde el número de investigadores/as es todavía muy escaso. Y ese achicamiento, además, afecta especialmente a las ciencias sociales y a las humanidades, otra vez desconsideradas: los porcentajes de ingreso en estas áreas no superan el 20% en relación con la cantidad de postulaciones recibidas.

La gran mayoría de los/las 2.200 postulantes contaba con los antecedentes exigidos y fueron evaluados satisfactoriamente para acceder al cargo para el que se prepararon durante muchos años en instituciones del país y del exterior, con becas que el Estado les otorgó para promover una formación de excelencia en provecho del país. Investigaron, escribieron informes y artículos, publicaron en revistas científicas, participaron en congresos, seminarios y reuniones académicas, enseñaron, divulgaron sus conocimientos en diversos ámbitos. Cumplieron, en suma, con todas las exigencias establecidas para desarrollar la carrera científica para la cual el Estado los convocó y ofreció un horizonte previsible de inserción en el sistema.

Para hacer ciencia en todas las ramas hacen falta científicos, cuya capacitación requiere muchos años de inversión en estudio e investigación. Las becas que se ofrecen son apuestas para incentivar las vocaciones científicas en la juventud y está previsto que parte de las personas beneficiarias no completarán la formación, por razones diversas, aunque el resultado final es siempre una plausible mayor educación general de la población. Cuando los/las becarios/as culminan sus estudios de posgrado y producen conocimiento relevante es legítima y razonable su aspiración a ingresar a la carrera a la que fueron convocados. Pero más allá de las vocaciones y expectativas individuales, cuando se corta el acceso al sistema científico a la gente que se formó para dedicar su vida a ello, se está amputando el desarrollo científico y tecnológico autónomo del país y perjudicando, en consecuencia, al conjunto de la sociedad que lo sostiene. Es un despropósito y un despilfarro de recursos públicos invertidos en conocimientos que, como la historia de la “fuga de cerebros” muestra, pueden terminar siendo aprovechados gratuitamente por otras sociedades más desarrolladas. Es un error reiterado, además, discriminar negativamente a las ciencias sociales y humanidades.

Nuestro campo, el de las ciencias sociales, estudia las formas de existencia, génesis y organización de las sociedades, las relaciones de poder y su disputa, las características de los grupos sociales, las desigualdades, las injusticias sociales, los conflictos, los derechos humanos, la cultura, la comunicación social. La dimensión política e ideológica, es decir, la forma en que nos pensamos como sociedad y disputamos por intereses no homogéneos –u opuestos- y valores diversos subyace a las indagaciones y preocupaciones de los científicos sociales. Más que producir resultados inmediatos para la adaptación sistémica, la problematización crítica de lo existente es lo que prioritariamente anima las indagaciones de las ciencias sociales, cuya utilidad excede campos de aplicación acotados por la supuesta neutralidad de la técnica. Una sociedad sin investigación y reflexión serias en ciencias sociales estrecha sus horizontes y pauperiza sus posibilidades de desarrollo pleno. No hay aplicaciones tecnológicas ni científicas que resulten neutrales en términos sociales, por lo que el conocimiento social, que incluye lo existente y las aspiraciones y valores en disputa, es indispensable.

En el IEALC somos conscientes de que este ajuste en ciencia y tecnología se produce en un contexto regional regresivo y nacional en el que se sanciona una ley que recorta jubilaciones y asignaciones sociales -rechazada por el 80% de la población-; que se rebajan retenciones al sector agropecuario y minero y también las contribuciones patronales; que aumenta la deuda externa y no baja la inflación y que se expande peligrosamente la represión contra las protestas sociales. Esto nos lleva a redoblar nuestro compromiso con el estudio y la investigación de nuestro país y de América Latina y el Caribe y a exigir, junto a la comunidad académica nacional, que no se lesione el sistema científico y tecnológico y que se aumenten de inmediato los recursos asignados a un área tan relevante para resolver necesidades sociales y desplegar un proyecto de país autónomo y soberano. Es imprescindible que se amplíe el número de ingresantes recomendados en temas libres y de becas en ciencias sociales y humanidades, las principales afectadas.

Buenos Aires, 30 de diciembre de 2017

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